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Bocas del Toro, el Caribe Panameño


Si hay tantos Caribes como turistas lo visitan, o al menos tantos Caribes como países que comparten sus aguas transparentes y cálidas, el de Bocas del Toro es uno de los más bellos e incontaminados que puedan soñarse en la era del turismo global.

Lejos de los grandes resorts, de las playas superpobladas y de las propuestas prefabricadas, este archipiélago compuesto por nueve grandes islas, medio centenar de islotes y unos doscientos manglares está en Panamá, pegado a la frontera con Costa Rica (al que alguna vez perteneció este territorio), y despliega paisajes de auténtica belleza, convertidos en reserva y refugio natural de la fauna marina. Y del turista.

La virginidad del lugar no significa, sin embargo, que esté desconectado de Panamá o el resto del mundo: se llega sin problemas por la carretera Interamericana desde Ciudad de Panamá (conectando luego al destino elegido en el archipiélago por taxi acuático) o por avión al aeropuerto de la isla Colón, la mayor de todas. Y si hay una isla Colón, también hay otra llamada Cristóbal… todo en homenaje al navegante genovés, que pasó por aquí en 1502, cuando su cuarto viaje al Nuevo Mundo lo llevó frente a la isla llamada Cayo Solarte, también conocida como Cayo Nancy, y a otros puntos del archipiélago.

Dificil expresar en pocas lineas lo que uno siente en el archipielago de Bocas del Toro

Pocos lugares en el mundo conservan esta atmosfera particular, seductora, primitiva, inolvidable.

Bocas del Toro cautiva al visitante por su insuperable vegetacion, su biodiversidad, sus costumbres ancestrales: es una verdadera fantasia biologica…

Este es el momento ideal para visitar las islas, viajar a travez del tiempo y perderse en uno de los cientos de bellisimos lugares que tiene para disfrutar.

Es un lugar unico para encontrarse con uno mismo, …con sus afectos, con la esencia.

Con una belleza natural indescriptible y abrumadora, sumado a la combinacion de razas y etnias, conviviendo en armonia indigenas, morenos, latinos y extranjeros, Bocas del toro no es solo un bellisimo archipielago perdido en el tiempo, bendecido por la naturaleza, Bocas del Toro es un ejemplo de convivencia y respeto mulitracial para todo el mundo.

Bienvenidos al Archipielago del Bocas del Toro….el visitante quedara deslumbrado, completamente seducido y se llevara recuerdos invaluables de un mundo distinto.

Disfrute la vida….Disfrute Bocas del Toro…

PIRATAS, COLONOS Y TORTUGAS La riqueza natural de esta parte del Caribe significaba también riqueza económica: no tardaron en descubrirlo los piratas que durante largo tiempo asolaron la región, ni los colonos –anglosajones, alemanes, ingleses, franceses– que se instalaron y comenzaron a desarrollar cultivos y exportaciones. También se establecieron habitantes de Jamaica y otras islas del Caribe, que llegaban con sus esclavos, y desarrollaron importantes intercambios comerciales con los indios locales: esta diversidad y riqueza es hoy uno de los encantos de Bocas del Toro, donde el mestizaje gastronómico, musical y artístico afroantillano es uno de los sellos distintivos de la población y una de las grandes atracciones para el turista. Aquellos intercambios iban de las tortugas al carey y la caoba, sin olvidar las bananas: hasta el día de hoy son importantes las plantaciones de banano, el “oro verde” de América Central, e históricamente una de las principales exportaciones panameñas.

A pesar de su larga historia, turísticamente Bocas del Toro aún es un paraíso al borde de lo intacto. Más allá de la imagen publicitaria de un mar cristalino, la experiencia y el disfrute del viajero en esta porción de la costa caribeña superan el paisaje para abarcar la conexión con la gente, el contacto auténtico con la naturaleza, la apreciación de una historia que se conoce de a poco y a la que no le faltaron contratiempos. Los hoteles, que aquí supieron inclinarse mayormente por la fórmula de bungalows y hostales de baja altura, aprovechando la madera, las hojas de palma, las cortezas de coco y los materiales naturales ponen presencia humana sin distorsionar. El primer día alcanza con un atardecer frente al mar, tal vez acompañado de un vaso de piña colada y de un oído atento para captar los amables modismos regionales, para saber que Bocas del Toro ofrece un nuevo capítulo en la guía de lugares favoritos del viajero atento a los placeres del sol, la playa, el buceo y el avistaje de fauna.

HACIA EL CORAZON DE LAS ISLAS

La conexión entre las islas del archipiélago se realiza fácilmente a través de “pangas”, sencillas embarcaciones de madera (o fibra de vidrio, en su versión más moderna) impulsadas a motor. Los timoneles no dudan en contar las curiosidades de ese mar que conocen como la palma de sus manos, en revelar los secretos aprendidos en años de navegación en un mundo tan pequeño en sus dimensiones como grande en riqueza natural. Uno de los atractivos es que el archipiélago, aunque parece sólo un punto en el mapa, ofrece gran diversidad de ambientes naturales: islotes de playas desiertas, arrecifes de coral, manglares y lagos, bosques lluviosos. Sólo hay que tomarse la molestia de elegir cada día cuál será el destino y dejarse llevar hacia el corazón de las islas.

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